¿Libertad? ¿Democracia? ¿Dónde?
Soy estudiante, concretamente de segundo de Bachillerato, y quería hacer una protesta, dar mi opinión contra una ley la que no creía conveniente para nosotros y para nuestro futuro, el futuro de todos los estudiantes y profesores de la comunidad catalana. Es por esto que decidí dar mi opinión porque creía estar en un país de libertad y democracia.
Me puse en contacto con un sindicato de estudiantes de los países catalanes para poder expresar mi opinión. Allí me explicaron que querían hacer una huelga reivindicativa, una concentración y una manifestación en contra de esta ley que no queríamos y ayudé para realizar estos actos. Yo pensaba que sería fácil, que sin más podríamos salir a la calle para reivindicar una cosa que creíamos que estaba mal hecha, pero para sorpresa mía me encontré con lo contrario. Primero tuvimos que entregar una instancia en nuestro instituto. Ésta la tenían que aceptar desde la directiva del instituto y, luego, pasársela también a la AMPA (asociación de padres y madres de el alumnado) para que aprobara nuestra voluntad. Creíamos que con esto bastaba para poder dar nuestra opinión, pero no fue así. Nos dijeron que teníamos que avisar a la Policía Local para que nos dejase hacer estos actos. Nos pusimos en contacto con ellos y nos dijeron que no había ningún problema. Ahora sí, estábamos seguros que podríamos expresarnos como queríamos, dar a conocer nuestra opinión. Hicimos unos carteles y los repartimos por todo el pueblo, sobre todo por los institutos para que el mayor nombre de estudiantes acudiera a manifestarse. Estaba todo a punto para expresar nuestra opinión.
Era miércoles, faltaba un día para la huelga y para realizar los actos, estábamos preparando los últimos retoques: la pancarta, el camino a realizar, los actos definitivos... en fin, estábamos terminando nuestros actos reivindicativos. Era tarde, casi la hora de cenar y ya queríamos irnos a nuestra casa cuándo, de repente, sonó el teléfono. Era la Policía Local y nos comunicaba que esta reivindicación era ilegal, que teníamos que presentar una instancia a los Mossos de Esquadra para que la aceptasen, pero se tenía que presentar con diez días de antelación. ¡Que difícil era expresar tu propia opinión!
Esa misma noche tuvimos que hacer la instancia y pedir que nos la aceptasen para realizar los actos ya preparados.
Al día siguiente la Policía nos dijo que si hacíamos la manifestación sería ilegal y ya no sabíamos qué hacer. Le pedimos que nos la dejasen hacer, que simplemente era un medio para expresarse, que por favor nos dejasen reivindicar nuestra propia opinión. En fin, tuvimos que rebajarnos, como si fuésemos inferiores, ciudadanos de 2ª clase.
Después de charlar y convencer a la Policía pudimos realizar los actos. Eso sí, vigilaban la manifestación por delante y por detrás, como si fuésemos los peores delincuentes del mundo. Después de luchar y luchar expresamos nuestra opinión. ¡Qué difícil y complicado fue!
Pero no os quería explicar nuestra anécdota, sino dar a luz qué difícil se nos hizo poder expresarnos. Me dijeron que estábamos en un país de democracia y libertad y que por lo tanto, podíamos expresar tanto como queríamos pero, ¿realmente es así?
¡Claro que no! En esta experiencia vi que no estamos en un país con tanta libertad porque para dar a luz nuestra opinión, antes, teníamos que pedir permiso a los demás. ¿Con qué derecho hay ciudadanos que deciden quiénes tienen derecho a manifestarse? Quizás tendremos que reflexionar y preguntarnos a nosotros mismo, si, verdaderamente, estamos en un país con libertad de expresión.
diumenge, 24 de febrer del 2008
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